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 Hiper May Armando Farina

 

 


Armando Farina, presidente de Hiper May, en un mano a mano con Revista RETAIL*.


Desde 1948 hasta hoy, las huellas quedan marcadas en la arena como camino frente al mar. Está claro que para mantenerse en un país cambiante e inestable en materia económica y de mercado como el nuestro, es mejor avanzar a paso firme. Es así como Armando Farina, presidente de Hiper May, relató cada uno de los años que conforman la cadena que celebró sus siete décadas de crecimiento, sostenibilidad, progreso e innovación.

El supermercado mayorista y distribuidora que hoy posee más de 100 empleados de forma directa y se mueve bajo la razón social de RAMALA S.A, no sólo festejó su aniversario en base a su consolidación, sino que también lo hizo en honor a la memoria de Rosa, su gran fundadora.

- ¿Cómo surgió la compañía?

- La empresa nació en 1948 con la llegada de mi mamá y sus hermanos desde Italia. Ellos se estaban escapando de la guerra como sucedía en la época y, una vez en nuestro país, decidieron instalar un polirubro. Unos seis o siete años después recibieron una invitación para emigrar a Estados Unidos, ya que era más fácil hacerlo desde acá que directamente de Europa. Para ese entonces, mi mamá ya estaba casada con mi actual papá, por lo que negoció con sus hermanos -quienes decidieron irse- la compra de las partes y continuó sola acá con el negocio familiar. En 1961 nací yo, en los años subsiguientes el polirubro se convirtió en un almacén y en 1972 pasó a ser un supermercado importante de la zona. Mi papá trabajaba en Gas del Estado, tuvo un accidente que le impidió volver a trabajar y fue ahí cuando decidieron apostar todo por el sector.

- ¿Cómo y cuándo se integró a la empresa?

- En 1976 la empresa se convierte en un almacén mayorista, mientras tanto yo estudiaba. Cuatro años después emigré a Estados Unidos donde estuve dos años y medio estudiando y trabajando. En el ’83 vine a visitar a mi familia sin saber si quedarme o no y lo primero que recibí de mi país es un telegrama de correo para ser fiscal de mesa en las elecciones presidenciales de Raúl Alfonsín. Más allá de eso, mi mamá se enfermó y eso terminó haciendo que no regresara a EE.UU., por lo que empecé a trabajar en la empresa aplicando la visión obtenida en los años que estuve en el exterior sobre el mayorismo.

- ¿Recuerda cuál fue una de las primeras grandes acciones que llevó adelante?

- En 1986 compré el predio donde se encuentran nuestras oficinas -en la localidad de Merlo-, las cuales hoy son más propiedades y posee casi 5.000 metros cuadrados de superficie, pero en ese entonces era la base. Una vez adquiridos los terrenos iniciales empecé a ahorrar para levantar la estructura. A mediados del ’87 inicié la construcción que terminó con un gran esfuerzo el 31 de octubre de 1989. El edificio tenía instalaciones que eran una novedad para la época, ya que contaba con un circuito cerrado de televisión y éramos uno de los pocos que habían puesto elevadores eléctricos; además de no abrir con tinglados, por lo que ya teníamos un autoservicio mayorista donde siempre se cuidó todo lo que era la imagen del consumidor. Con esto me refiero a que los mayoristas de la época eran más agresivos, más almacén, no cuidaban tanto el servicio; mientras que nosotros apostamos a no ser agresivos en góndola y a darles un mecanismo amplio de surtido, que es lo más cercano a lo que se ve hoy en día en este tipo de negocios.

- Para ese entonces el país se acercaba a una gran crisis económica…

- En el ‘89 fue la hiperinflación. Para darles un panorama: inauguramos y 20 días después empieza el Plan Bonex -consistió en el canje compulsivo de los depósitos a plazo fijo por títulos públicos denominados ‘Bonex ‘89- del Gobierno de Carlos Menem y en enero del ‘90 cambió toda la comercialización. Con eso, más el renegocio de los bancos, el mercado se reinició. En el año 1996 inauguramos la primera sucursal -aún vigente- en Malvinas Argentinas. Un año después hicimos lo propio en González Catán y más tarde compramos para abrir en Munro, Cañuelas, Pilar y Lujan, predios avanzados en depósitos para hacer reformas. Ya en el 2001 sufrimos los saqueos en Malvinas Argentinas; González Catán desapareció como sucursal; y Merlo padeció saqueos en el área de devoluciones y depósito. Yo estuve internado y cuando salí me encontré con un panorama muy feo de cómo estaba todo, sufrí una desilusión muy grande por parte de mi país y ahí decidí no abrir más sucursales. Por este motivo, los predios que habíamos comprado los vendimos para recapitalizar el negocio.

- ¿Conservan algunas de las últimas bocas mencionadas?

- Nos quedamos con el local de Luján porque ahí la idea era alejarnos un poco de los centros más conflictivos y es una zona que se podía enfocar a una distribución al interior. Comenzamos a ver cómo encarar un negocio más que el supermercado autoservicio mayorista, enfocado a la distribución. Veíamos que a futuro el mercado mayorista se tenía que emprolijar en Argentina y que lo que estaba sucediendo se tenía que encaminar. Corregimos el rumbo hasta el 2006/7, mantuvimos las estructuras que teníamos y las llevamos a su máxima expresión. A partir de allí empezamos a analizar la posibilidad de dedicarnos directamente a la distribución. Hicimos estudios de mercado que nos llevaron 18 meses: encuestas a clientes, proveedores, estuvimos trabajando con CCR para ver dónde teníamos que enfocar el negocio para que sea sólido y sostenido en el tiempo. Con eso armamos un modelo de negocio haciendo las primeras pruebas en 2009 y, en 2011, encaramos la distribución de fondo armando todo un control de gestión, automatizando los sistemas y dando un servicio que hasta ese momento no había, que era acompañar la distribución con frescos y congelados.

- ¿Cómo se encuentra hoy en día esa unidad de negocios?

- Armamos un modelo de distribución que llega a nuestros clientes de forma inmediata, que nos da una diferencia porque llegamos a zonas en donde la distribución es limitada, donde los proveedores tienen problemas de presentación de productos. Enfocado en eso empezamos a agrandar nuestro negocio. Me gusta recordar que allá en el 2008, cuando cumplimos 60 años, mi mamá estaba conmigo y me dijo: ‘Son muchos años, lo tendríamos que festejar de otra manera’. Ahora cumplimos 70, ella no llegó porque la perdimos en 2017, pero celebramos el esfuerzo tanto en el mayorista como en la distribución.

- ¿A qué grupos abastecen?

- Estamos trabajando a través de la web con la venta para el consumidor final, como también a supermercados chinos. Tenemos algo en gastronomía, aunque ahí influye mucho la entrega de verduras y carnes que son dos rubros que no manejamos y se nos hace complejo llegar a ese sector. Estamos utilizando esta estructura en su máxima expresión para ir expandiéndonos en esos mercados.

- ¿Por qué zonas distribuyen?

- Desde el punto de venta nuestro -ubicado en la localidad de Merlo-, en zonas importantes hasta 250 kilómetros. Más allá de eso nos manejamos con expresos en ventas muy puntuales. Si las empresas que se encuentran dentro del rango tienen también locales en la Costa Atlántica, por ejemplo, firmamos un convenio y también se las hacemos llegar.

- ¿Tienen marcas propias?

- Hicimos desarrollo de marcas propias en su momento, pero cuando empezamos a analizar el modelo al que apuntaríamos en la distribución nos dimos cuenta de que el mayor problema lo tenían las marcas líderes sobre cómo llegar a determinados puntos, entonces buscamos explotar ese negocio y apuntamos exclusivamente a marcas top y empresas que valoran nuestro trabajo.

- ¿Cuántos empleados posee la empresa?

- Tenemos aproximadamente más de 100 empleados de forma directa, además de los indirectos o contratados. Poseemos muchos servicios por fuera a los que nos hemos volcado para lograr eficiencia, como lo son: el armado de correos, la estructura de venta fuera de la oficina, la distribución en provincias a través de transporte contratado, entre otras variantes.

- A lo largo de su historia han atravesado muchas crisis económicas en nuestro país, ¿es difícil mantenerse dentro de un contexto continuamente cambiante?

- Creo que ser empresario en Argentina es una tarea muy difícil. Los ciclos económicos lo hacen muy duro y el sistema argentino no premia a la gente que da trabajo, sino que lo castiga, siendo éste uno de los principales problemas que tiene la estructura de nuestro país. Hay que trabajar fuertemente para que la verdadera inclusión social se haga a través de la formación y la generación de trabajo, a la cual hay que darle competitividad pensando en cómo se beneficia al consumidor. No siempre premiar figuras ineficientes significa dar trabajo a futuro, ya que ellas junto a todos los costos distorsivos que hay desde que el producto sale hasta que llega al negocio lo termina pagando el consumidor.

- ¿Qué perspectivas tienen a futuro con este marco?

- Yo amo a mi país y la pasión que uno le pone a su trabajo es única. Hay muchos empresarios que realmente no puedo creer cómo siguen frente a sus empresas después de ver cómo nos castigan por todos lados. No le echo la culpa a los políticos, ni a los sindicatos, sino al sistema que es el que termina castigando al consumidor final. Hay que replantearse cómo beneficiarlo para que con ese poder adquisitivo que tiene con su sueldo pueda obtener la mayor cantidad de bienes a cambio.

- Hubo un giro en el consumo donde los consumidores finales se volcaron hacia los mayoristas. ¿Cómo vivieron ustedes esta situación?

- Creo que los ciclos en la Argentina se repiten mucho y ya estamos acostumbrados. Tal es así que la historia se repite: uno trata de mantener su poder adquisitivo, comprar más barato, se arman grupos de familia y se viene una oleada de compra en los mayoristas. A lo largo de estos años vi cómo se arman en el medio pequeños distribuidores que en procesos inflacionarios agrandan su estructura y gastan su giro comercial, pero cuando las caídas de ventas son bruscas y hay que apretarse los cinturones no son eficientes en la administración, tienen problemas de pago y terminan dejando a las empresas en problemas. Ojalá que algún dia podamos tener una estabilidad y proyectar un negocio más allá de 36 meses, mientras que en paralelo el resto del mundo piensa lo que va a pasar dentro de 10, 20 o 30 años con el boom tecnológico.

- ¿Cómo se adaptan ustedes a las nuevas tecnologías?

- En lo personal, cuando me instalé en Argentina siempre me enfoqué en la tecnología. En el ‘89 cuando inauguramos éramos el segundo mayorista en tener elevadores eléctricos, circuito cerrado de televisión y estábamos entre los que facturábamos con red. Ahora estamos viendo los cambios y qué tendencias hay, me informo de lo que sucede afuera porque tarde o temprano llega acá. Consideramos que está aumentando fuerte la venta a través de la web. En nuestro mercado estamos en un 5% o 6% en el eCommerce, cuando en Estados Unidos es de 35% con el crecimiento de Amazon. Acá podemos ver a Mercado Libre llevando la vanguardia, pero hay que analizar cómo vamos a hacer nosotros porque no es lo mismo vender electrodomésticos que alimentos, que demandan otro tipo de tratamiento.

- ¿Qué planes tienen para este 2019?

- Estamos en una etapa que buscamos hacer los depósitos de Malvinas Argentinas y Merlo más inteligentes, mecanizándolos. Tengo a mis dos hijos capacitándose y estudiando porque quiero armar la etapa que viene con ellos. Entendemos que las estructuras que tenemos hoy quedaron obsoletas para lo que se viene. Por eso estoy de alguna manera en stand by, esperando asentarme con ellos, aunque aún están en una etapa muy joven. Yo empecé a los 21 y les tengo fe, mi idea es ponerlos al frente a esa edad y tratar de ayudarlos a que armen una empresa totalmente de cero para que sientan que es de ellos, como yo lo hice en el ‘86.

- ¿Siente la necesidad de la llegada de las nuevas generaciones?

- Creo que los ciclos nos van desplazando. En su momento yo tuve una mamá y un papá que venían escapando de la guerra y cuya ambición era que no les falte el plato de comida y que sus hijos se reciban; no tuve la suerte de tener padres empresarios que me puedan guiar, por lo que todo lo que hice fue a prueba y error. Y ahora, esta nueva era tecnológica es una etapa que mis hijos podrán interpretar mejor y llegar mucho más lejos que yo. Ojalá ellos lleguen a celebrar los 100 años de la empresa.

Día de festejo

El Palacio D’or fue el escenario elegido por Hiper May para llevar adelante una celebración que tuvo de todo: desde música en vivo para entretener a los presentes, como también un animador para que la alegría fluya y se disfrute. Pero hubo más, ya que más allá de la felicidad por parte de la familia Farina de festejar su séptima década de historia, durante el evento hubo distinciones, recuerdos, emociones y hasta solidaridad.

Todo comenzó alrededor de las 20 horas con música y animación entre los primeros eslabones. Luego fue el turno de dar las palabras de bienvenida, por lo que el presidente de la empresa, Armando Farina, subió al escenario acompañado por su padre, su esposa y sus hijos. "Hoy para nosotros es una noche muy especial. Recuerdo que cuando cumplimos 60 años nos arrepentimos de no festejarlo y en ese momento mi mamá me dijo que era mucho tiempo -más en la Argentina- y que lo tendríamos que haber celebrado. Ese día le prometí que los 70 íbamos a hacerlos", detalló el mandamás de Hiper May con orgullo y el corazón en la mano a la hora de recordar a su madre. "Ella se nos fue el año pasado –por el 2017- y hoy estamos cumpliendo con la promesa que le hice. Miro las mesas y recuerdo cada momento de mi infancia y por eso quiero agradecerle a cada uno de ustedes que hoy están acá presentes con un abrazo muy grande", agregó.

Una vez finalizado su discurso se presentó un video institucional que contó paso a paso el crecimiento del supermercado mayorista: sus inicios, sus primeros pasos y sus relaciones comerciales, hasta cómo se encuentra hoy en día. Tras un cálido aplauso por parte de los amigos, clientes, proveedores y colegas, se dio paso al agasajo gastronómico.

Aun así ¡todavía quedaban más sorpresas en el tintero! No sólo por las distinciones que se iban a llevar delante de forma externa, teniendo en cuenta que el presidente de CADAM, Alberto Guida, le entregó al Sr. Farina una plaqueta en conmemoración a los 70 años dentro mercado argentino; sino también de forma interna, debido a que algunos empleados obtuvieron un premio por su compromiso y dedicación para con la empresa. Luego se proyectó un nuevo video en donde se pudo ver a los premiados en acción –trabajando en las instalaciones de Hiper May-, como también a antiguos vendedores –emblemáticos para la empresa- hablando sobre cómo era en ese entonces y la forma en la que vivieron el recorrido de Armando Farina.

Anteriormente mencionamos que hubo tiempo para la solidaridad y ¡así fue! Porque la mujer que se encargó de darle rumbo al supermercado mayorista, también mostró un compromiso para con la comunidad, por lo que la compañía realizó una donación a un taller protegido con el fin de seguir el legado de su fundadora.

Para darle un cierre de lujo a la gran celebración, Armando Farina tomó el micrófono y se dirigió a los presentes con mucha emoción. De esta manera, Hiper May cumplió con su promesa: festejó 70 años de historia a lo grande, en familia y bajo el ala del recuerdo de aquellos que pusieron la semilla para generar semejante emprendimiento.

 

Una cuestión de nombres

Profundizando un poco más sobre la empresa, quisimos saber el significado de Hiper May. Durante la charla amena con el presidente de la compañía, Armando Farina, nos contó que en el año 1995 eran AMI (Autoservicio Mayorista Integral) Farina SRL. pero, tras sufrir un secuestro, decidieron con el resto de la familia sacarle el apellido al negocio y generar una marca a través del concepto de “Hipermercado Mayorista”.

Sin embargo, no fue la única en poseer modificaciones, ya que la razón social pasó a ser RAMALA SA. La misma representa las siglas de cada integrante de la familia: “R, de Rosa, mi mamá y fundadora de la compañía; A, de Armando, que soy yo; M, de Mateo, que es mi papá; A, de Aarón, que es el futuro; L, de Laura, que es mi señora; y A, de Axel, que es mi segundo hijo”, comentó Farina. Vale destacar que anteriormente fue mutando el nombre a medida que fue creciendo el negocio: Los Hermanos, cuando era un polirubro; Almacén La Rosita, en honor a su mamá; Farina, el apellido de su papá; y más adelante AMI Farina SRL.

* Entrevista correspondinte a la edición Enero de Revista RETAIL

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