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 Así se diseña la convivencia del efectivo en sus diferentes formas, medios virtuales, activos digitales y las criptomonedas. 

 


El mercado del dinero como lo conocimos, está desapareciendo. Hasta hoy, el efectivo domina (y lo seguirá haciendo) el ecosistema de medios de pago. Según datos de la Reserva Federal de los Estados Unidos, la masa monetaria se duplicó entre 2006 y 2016. De una manera muy clara, los mercados de la economía real; la gente, demanda efectivo.

Al mismo tiempo, la revolución de las criptomonedas, encabezada por el surgimiento, auge y decadencia del Bitcoin (que ha comenzado hace tiempo y sus fanáticos niegan con pasión), abrió las puertas a una fiebre de lanzamientos de digital currencies, inclusive, auspiciadas por bancos centrales de distintas partes del mundo (Japón, Suecia y Estonia, entre otros).

A contramano de lo que muchos suponen y dan por sentado como verdades axiomáticas, el efectivo no desaparecerá y se acoplará al uso masivo de medios digitales de pagos, traccionado por la rápida implementación de micro movimientos de activos digitales alrededor del mundo.

Las mal llamadas "remesas" que refieren a la transferencia física de unidades de valor monetario, son hoy reemplazadas por la adqusición (en cash u otros mecanismos de pago, como transferencias bancarias o débitos de tarjetas de crédito, entre otras) de activos digitales en un lugar del planeta y su "liquidación" o venta en otro, siendo su conversión a efectivo en un cajero automático híbrido (ATM Octagon) de última generación, con capacidad bidireccional de intercambio fiat-crypto, depósito en billetera digital o acreditación en cuenta bancaria o tarjeta de débito prepagada o de crédito multi-moneda, absolutamente opcional.

El mercado del dinero es, por lejos, el más grande y relevante del mundo. De él derivan todos los demás. No existirían Amazon, Facebook, Apple, Google o Tesla (algunas de las más relevantes) si no se soportaran en algún sistema de medios de cobro en unidades monetarias que les permitieran llevar adelante sus a actividades empresarias. Puede decirse que el dinero, en sus múltiples maneras de manifestación, actúa a modo de medio aglutinante de la actividad comercial de éstas (y todas las demás) organizaciones, siendo genuinamente éste el mercado en el que se mueven, utilizando libros, software, contenidos, hardware y automóviles como vehículos para obtener una porción del intercambio monetario.

El completo universo de empresas que organizan nuestras vidas de una forma u otra, se encuentran a merced del mercado del dinero. Sin él, todos sus desarrollos tecnológicos, se convertirían en meros ejercicios intelectuales. La transabilidad del dinero (en sus innumerables manifestaciones), es lo que les otorga entidad, validez, aceptación. Sin dinero, todo se convierte en un simple e infinito juego de la mente. El dinero, cataliza la potencia de un razonamiento aislado en una acción concreta consumible.

En el año 2030, apenas un abrir y cerrar de ojos en el calendario cósmico, un ser humano cualquiera transaccionará desde donde se encuentre, mediante un único sistema monetario integrado, todas sus operaciones de envíos de unidades de valor (ya no será una moneda específica), sus compras alrededor del mundo y sus intercambios de datos (que también tendrán un formato de moneda de cambio ya que el dinero será solamente información transable, a través de una plataforma donde sus tenencias de activos (propiedades física, depositos bancarios, crypto monedas, acciones de compañías), podrán ser sublimados para funcionar como medios de pago de otros bienes y servicios.


 

Fuente: BAENEGOCIOS

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